Vistas desde la ventana del hostel

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大大阪 La GRAN Colina Grande

De los dos kanji que forman la palabra Osaka, uno significa «grande» y el otro «cuesta» o «colina». La colina aún no la he encontrado –el terreno aquí es muy llano– pero lo de grande le va que ni pintado: Osaka es enorme. No en vano es la tercera ciudad más grande Japón. Para mí, que nunca había vivido en una ciudad grande, resulta impresionante. En ver un solo barrio puedes echar una tarde entera, y posiblemente no te dé tiempo a verlo todo ¡y hay tanto que ver y que hacer!

Cuando le pregunté a mi amigo Atsushi qué había interesante en Osaka me dijo «¡la comida!». El domingo pasado estuvimos en Namba con nuestra amiga Yuki Noiri (<3) y pudimos probar el famoso takoyaki, las bolitas de pulpo. Son tan típicas que incluso en imágenes de anime donde se representa esta ciudad (merchandising de One Piece en las distintas ciudades de Japón que vimos) los personajes salían comiendo takoyaki. Son más blanditas de lo que esperaba, pero de sabor están muy buenas: son como unas bolitas de masa con un trozo de pulpo dentro y salsa por encima (o bien sal y dashi). A nosotras nos las sirvieron con bonito seco rallado por encima, que está bastante salado pero tiene su gracia. En Doutonbori (道頓堀), la calle más famosa de Namba, hay un montón de sitios para comer, muchos relativamente baratos. Pero bueno, la comida que estamos comiendo en Osaka merece un capítulo aparte: nos ceban y encima está todo riquísimo, tanto lo que hemos comido en la residencia (ドーミ阿倍野 Dormy Abeno) como en los locales. Mi teoría es que al final del año nos venderán para hacer salchichas, pero bueno xD

Namba, especialmente Doutonbori*, es un lugar muy comercial, donde locales de todo tipo se pegan unos con otros (en ambos sentidos), tratando de atraer igualmente la atención del turista y del japonés. Bares tradicionales, tiendas de ropa, karaokes, pachinkos (un tipo de máquina de juego de azar típica de aquí) y un sinfín de tiendas más te arrojan a la cara sus productos con luces de neón, figuras gigantes como este* dragón o el famoso cangrejo que mueve las patitas y las antenas o pregoneros. No solo se agolpan horizontalmente sino también verticalmente: hay que estar atenta, porque en el piso superior de una tienda puede haber otra totalmente diferente. Es caótico y puede llegar a resultar agobiante dependiendo de para quién, pero también es muy, muy divertido.

Para empezar, aquí encontré dos sitios en los que podría quedarme a vivir. El primero de ellos es el karaoke. ¡Por fin he podido probar el auténtico karaoke japonés! Y no se parece en nada al nuestro: este es, claramente, ¡infinitamente mejor! Para los que no sepan como funciona, lo explico: hay un montón de salas, distribuidas en varios pisos; tú vas con tus amigos y, pagando un precio por persona y tiempo, alquilas una de esas salas para tu grupo. En la sala caben unas 6 u 8 personas. Y ya está ¡a cantar solo con tus amigos! 😀 ¡Y encima, hay barra libre de refrescos incluida! Y encima, no hay un libreto, qué va, eso es del siglo pasado, por favor: es una maquinita con pantalla táctil donde puedes buscar la canción que quieres (en japonés, inglés, chino o coreano) por el nombre, el nombre del cantante, categorías, palabra clave… La letra que sale en la pantalla normalmente tiene furigana (la chuleta de pronunciación, por si no te sabes los kanji). ¡Es genial! ¡Nunca había podido cantar tantas canciones que me sé y que me gustan ni cantar tanto seguido! ¡Es como una borrachera de felicidad! 😀 ❤ La primera vez fuimos con Yuki (tan mona ella cantando), y hoy hemos vuelto a ir con nuestros nuevos amigos, Scut (coreano) y Abdul (saudí). ¡Ha sido ultra-divertido! Scut tiene todo el arte del mundo y además canta genial, aunque solo canta en coreano, y Abdul ha cantado conmigo Bring me to life. ¡Al fin he conseguido cantarla con un tío! Me siento realizada xD

El otro lugar maravilloso de Namba es el Books Off, un enorme paraíso de material de lectura y audiovisual de segunda mano donde se pueden comprar mangas, light novels, libros, revistas, videojuegos para todas las consolas (antiguas y nuevas), música (japonesa y occidental), anime, películas y cualquier cosa similar a un precio entre bastante bueno y ridículamente barato. Yo me he comprado un tomo de Los Viajes de Kino (una light novel que me encanta) por 350 ¥ (2,65 €), y Alicia se compró videojuegos y uno o dos tomos de One Piece (aquí One Piece está por todas partes, se nota que a los japoneses les gusta tanto como a los frikis occidentales, por lo menos).

Y en medio de todo este enorme amasijo de locales comerciales… templos budistas. Japón es un país de contrastes: grande y pequeño, nuevo y tradicional, comedido y desmesurado. Desde Doutombori andas un poco, doblas una o dos esquinas y te encuentras con un pequeño templo budista. En un lado hay un pilar con agua con una especie de cazos con mango largo: tienes que enjuagarte las manos y la boca. Luego cruzas enfrente y puedes echar una moneda como donativo y pedir un deseo, y luego puedes acercarte a rezarle a Buda y echarle un poco de agua por encima, así que está todo verde y precioso. La foto que incluyo no es mía, la he tomado de Internet porque yo me quedé sin batería.

Hozenji

Por cierto, esto* es un… bazar (tienda de todo un poco), según creo, pero nos hizo gracia porque se llama “Don Quijote” xD

Continuando con lo grande que es Osaka y con el fin de semana pasado, el sábado estuvimos en Umeda (梅田). La idea original era ir con Yuki Noiri y Minako, pero nos hicimos un lío con las fechas y, tras un mal rato importante corriendo de un lado para otro buscando infructuosamente el sitio de la supuesta quedada que al final no era o no sé qué, Alicia y yo decidimos aprovechar el viaje y visitar el Umeda Sky Building, aunque fuera nosotras solas. Al parecer es (solo) el séptimo edificio más alto de Japón, pero igualmente creo que nunca había estado en un edificio tan alto, aunque por alguna razón no da miedo ni nada, al contrario, se está muy a gusto arriba. No voy a repetir la información de la Wikipedia, que ya está ahí muy bien explicada y es un artículo muy muy cortito, mejor lo enlazo. Solo diré que comtemplar toda Osaka a tus pies extendiéndose hasta el mar resulta impresionante: ciertamente, es una ciudad muy grande.

P.D.: El metro es una clavada como un castillo. Próximo objetivo: conseguir una bicicleta. Aquí todo el mundo las tiene y, definitivamente, se amortiza rápido. Andar, por supuesto, descartado.

*Lo siento muchísimo: mi móvil antiguo ha decidido que ya no le mola funcionar. O eso, o el ordenador está peleado con él, así que no puedo subir las fotos de Namba que hice porque el ordenador no me reconoce al móvil (cuando hace un par de semanas en España lo reconocía perfectamente, mismo ordenador, mismo móvil y mismo cable). Cuando logre pasar las fotos del móvil al ordenador, actualizo el post 🙂 Suerte que me he comprado un móvil de ultimísima generación por 0 yenes que esperemos no me dé los mismo problemas…

¡Ya estoy instalada en Osaka! :) 大阪にもう到着したよ!:D

¡Hola! ^^. De entrada aviso que este post no es tan interesante ni anecdótico como los de Vic, de hecho, lo más anecdótico es que de todas las cosas que podrían haber salido mal en un viaje tan largo no lo haya hecho ninguna, pero bueno, igualmente hago un informe completo ^^.

Hemos llegado a Osaka (大阪) esta mañana temprano tras un vuelo de 15 horas estupendo -excepto porque entre que nos han inflado de té, la emoción y el cambio horario, no hemos podido dormir nada y llevo más de 24 horas sin dormir más de media hora :D-. En el avión nos han dado dos comidas muy ricas y abundantes y encima había como unas tablets en todos los asientos del avión en las que podías ver películas, series, oír música… He visto Oblivion, de Tom Cruise. No sé si la has visto, Vic, pero está guay, es ci-fi distópico/post-apocalíptico al más puro estilo de Matrix, Minority Report, Equilibrium, etc, aunque quizá con menos hostias, está bien.

Claro, cuando íbamos por la zona de noche (Asia occidental) y estaban las luces apagadas, eran las 5 de la tarde en España y no teníamos sueño. Cuando nos ha llegado la hora de dormir estábamos llegando a la zona del amanecer 😀 y finalmente hemos llegado a Osaka por la mañana.

El día era espléndido. Hace bastante calor y humedad, un calor no muy fuerte pero sí pegajoso, aunque la chica que hemos conocido esta noche nos ha dicho que más adelante refresca, así que creo que la ropa que me he traído ha sido un acierto.

Nos ha recogido en el aeropuerto una mujer de la Universidad, Kaho Hoshida, tal como dijo. El aeropuerto está en una isla artificial unida a la ciudad por una carretera que cruza el mar, como puede verse en la foto -que he sacado de Internet, obviamente-.Image

El autobús tarda casi una hora en llegar a la ciudad, cruzando unos polígonos industriales enormes: hemos visto el edificio de Sega, un Ikea y una… torre de estas petrolíferas con su llamita arriba. Es curioso, porque lo del petróleo estaba separado de la zona residencial por nuestra carretera, un… río o brazo de agua similar y dos pantallas de árboles, como si de alguna forma los árboles a los lados del río compensaran la contaminación del otro lado. Era curioso ver el contraste entre las dos orillas.

En la ciudad nos ha recogido un hombre joven de la residencia, Wanami-san, que nos ha llevado hasta ella a través del metro y además nos ha ayudado con las maletas. Una vez allí, papeleo, explicaciones y tal. ¡Pero ha sido genial! Porque todo el rato hablábamos en japonés y ¡nos enterábamos!

La gente aquí es súper amable. Pero muchísimo. Realmente hacen un esfuerzo por comprenderte y ayudarte y, en cuanto les das conversación, hacen un esfuerzo por interesarse por lo que les dices y buscar más tema de conversación. Ya no es solo las típicas reverencias y frases de cortesía: realmente muestran un interés y una voluntad de ayuda que es difícil de encontrar, y siempre te tratan con una sonrisa. Así da gusto cualquier cosa y ciertamente se anima mucho una a estudiar ^^.

Y bueno, la habitación de la residencia está genial: la habitación no solo incluye internet, agua caliente, luz y ropa de cama, sino también una mini-kitchen (fregadero y un fueguecito de inducción), frigorífico (el mío es tipo mini-bar, ¡pero el de Alicia es un frigorífico pequeño de verdad!) baño propio ¡con bañera! (japonesa: son más cortas pero más hondas), una lamparita y ¡teléfono fijo! Vale que el cuarto de baño es diminuto (poco más grande que el de un avión, en serio, el grifo de la bañera es el mismo que el del lavabo, solo hay que girarlo), pero oiga, es individual y metido en el cuarto. En Inglaterra compartía el baño con cuatro personas y solo tenía ducha.

Al entrar a la residencia tienes que quitarte los zapatitos en el vestíbulo y guardarlos en tu taquilla, y te dan unas zapatillitas de estar en casa que, a su vez, tienes que quitarte en el “vestíbulo” de la habitación. ¡Es un lío!

Ah, qué gracia, estoy oyendo a Alicia hablar por vídeo desde su habitación, que está al lado de la mía, y está contando la anécdota del “champú para la ropa”. Sí, eso es detergente para nosotras xD La palabra correcta es “senzai” (洗剤), pero como no la sabíamos, a Alicia se le ha ocurrido decir “champú para la ropa” (服のシャンプー) xD xD

En general nos entendemos más o menos bien, sobre todo hablando de cosas sencillas (como comprar, que nos expliquen cómo se abre la puerta o dónde está la lavandería), pero comprar es una odisea xD: todo está escrito en katakana y kanji (para los no iniciados, os dejo la siguiente foto. Nosotras entendemos poco más que vosotros:

http://fallon.blog.so-net.ne.jp/_images/blog/_b98/fallon/1729550.jpg ) y los paquetes de las cosas son diferentes, así que si consigues comprar efectivamente un bote de gel de baño puedes darte con un canto en los dientes, ahora bien, no me preguntes qué tipo de gel has comprado. Si tiene un dibujito de a lo que huele, puedes dar palmas con las orejas. Así que hemos comprado ramen sabor ¡sorpresa! y, gracias a la amable chica de la farmacia (de verdad, qué encanto de gente hay aquí), a la que hemos ido y vuelto a comprar en varios capítulos, porque nos daba algo de vergüenza explicarnos con nuestro japonés-patata, hemos podido comprar los geles adecuados ¡y en botes y todo, y no en bolsas con taponcitos, como venden aquí la mayoría de estos productos!

Pues hasta aquí el tocho. En cuanto tenga la mínima cosa que contar seguiré dando la tabarra xD Por ahora, en resumen: que está todo genial, que estamos emocionadas, cansadas, nerviosas y contentas, todo al mismo tiempo.

Osaka parece un lugar totalmente diferente y, a la vez, muy parecido a Andalucía. Es una sensación extraña pero, desde luego, estoy muy ilusionada y ¡esto no ha hecho más que empezar! 

Monstruo de la 18.00: El Metro

Ostia! tu! con el metro! Me ocurrió el otro día. Salí de clase a las 6, hora punta en Sao Paulo. Sabiendo esto y con total desconocimiento de lo que se nos venía encima, Ana y yo continuamos con el plan de volver a casa en transporte público.

Cuando comenzamos nuestra odisea ya se veía mucha gente, mucha, en los tornos. Los andenes no estaban tan atestados, pero había suficiente masa humana como para tener que esperar a que llegase el siguiente metro para subirnos. Tengo que explicar que en las vías hay barrotes de acero frente al lugar en el que se deben abrir las puertas. Tienen forma de “L”, para que por un lado entre la gente y por el otro salgan. Cuando el primer vagón estaba a punto de llegar, la gente empezó a salir hasta de debajo de las piedras colapsando ambos lados de las barras de metal, de forma que no se podía salir porque los que entraban empujaban hacia adentro. Sin mencionar que se estaban colando… En cualquier caso, los de los extremos comenzaron a entrar y nosotras, literalmente, no pudimos avanzar. Antes de partir el maquinista tuvo que abrir y cerrar las puertas hasta cinco veces porque la gente no cabía. Era la definición más gráfica de sardinas en lata que había visto hasta el momento. Cuando se fue, Ana y yo nos quedamos en primera línea. A lo mejor, a simple vista, esto no significa nada, por eso creo pertinente aclarar que la primera fila es la línea blanca, es decir, el fin del andén. Un centímetro más y te caes a las vías. Así que yo estaba ahí, medio cuerpo fuera, medio dentro y una marea de gente detrás de mí. Si alguno de ellos, aunque sea uno, decidía empujar antes de que llegase el metro: game over. A ambos lados tenía hombres de negociones y trabajadores que esperaban tranquilamente el siguiente tren con medio pie fuera. Mientras, yo no para de ver mi cara aplastada en los barrotes de hierro. Para colmo el tren se retrasaba, demasiado. Pasa con una frecuencia de entre dos y tres minutos, pero ya llevaba cinco. Cinco minutos pensando que si alguien empujaba no podría agarrarme a nadie, ni a los barrotes porque todo el mundo estaba tan apretado que no caería solo la primera fila, sino también la segunda y hasta la tercera…

Finalmente llegó el metro y nadie empujó, supongo que aquí es común estas situaciones y tienen algún modus operandi. Yo no entré, volé. Desde el suelo pavimentado de la estación hasta el otro lado del vagón. Literalmente, mis pies no tocaron el suelo y tuve que agarrarme a las barras de metal para que la corriente humana no me siguiese arrastrando. Ana también consiguió entrar y nos quedamos en una mala posición estratégica: en el medio del vagón, entre puerta y puerta. Nos bajábamos en la segunda estación. Si hasta ahora creía haberme sentido atrapada, todavía quedaba lo mejor por llegar. El tren paró convenientemente. Hora de salir, bueno o mejor de dicho, de trepar entre la gente. Estaba tan atestado que era imposible moverse. Una mujer le abrió espacio a Ana y yo conseguí colarme, pero solo era un trecho. Ana consiguió salir yo me quedé atrapada entre tanto cuerpo. Una mano agarrando con fuerza la mochila, otra apartando a la gente, un pie en el aire y el otro apenas rozando el suelo. A lo lejos un chaval gritaba sal, sal, sal. Había gente que empujaba de mi hacia dentro y otra tanta que empujaba hacia fuera. Durante unos segundos no conseguí moverme. La sensación de apremio, de tener que salir porque esta es tu parada no dejaba de martillearme. Una desesperación estúpida pero opresiva que nubla el entendimiento. No se en qué momento dejé de intentar pasar entre la multitud, a empujar con toda mi fuerza, pero parece que funcionó porque volví a salir volando del vagón. Creo que una señora fue la responsable del empujón final. En una escala de empujones donde lo mínimo es un toque en la espalda y lo máximo el empujón que recibirías de tu peor enemigo, este sería igual al que le darías al ser más malévolo del mundo, por la espalda, cuando está apunto de bajar las escaleras. Pues eso, que por segunda vez en el día volví a volar y eso que no dispongo de la anatomía para poder hacerlo. El andén estaba vacío. Casi caigo al suelo… y no puedo hacer otra cosa que echarme a reír, de forma un tanto desquiciada porque no podría creer lo que acababa de experimentar. La sensación de estar aplastada por personas convertidas en animales. Sin poder moverse o casi respirar.

En cualquier caso salí viva y con la firme convicción de no volver a subirme en ese monstruo que es el metro de las 6.

Pd: luego subo las fotos que hice.