Hostel

El hostal en el que me hospedo es cuanto menos… particular. Para empezar, es una casa donde cada cuarto tiene su llave. Baño compartido, todo muy bohemio. El sitio está decorado por los propietarios entre los que se encuentra un pintor así que el estilo destaca por ser caótico y genial. Lleno de cuadros, dibujos en las paredes, banderas de España, de Brasil, miniaturas de coches, camiones y aviones de hojalata, etc. Uno mis preferidos es este:

Cuadros

Pero te digo es un sitio particular porque la gente aquí es muy amable y parlanchina, te cuentan su vida sin reparos ya sea en español, portoñol o portugués. De hecho, ¡son los mismos propietarios los que organizan las fiestas! Ya nos han invitado a cerveza, vino, pizzas y espaguetis post-resaca y pre-churrasco.

Una cosa muy graciosa es el caso de las canadienses. Las canadienses son un grupo de muchachas que están aquí estudiando un master o vete tú a saber qué. Las juzgo como grupo porque desconozco sus nombres, ni siquiera sé cuántas son, todas me parecen igual. El caso es que creo que en mi vida no he detestado tanto a nadie conociéndolo tan poco. Te explico, el otro día, sábado, uno de los gerentes, un tio majísimo, organizó una fiesta para amigos, lo que viene a ser música guay, cervezas y un grupo de gente hablando a un nivel normal. Nosotras tuvimos que salir, cuando llegamos los vemos a todos afuera, en el porche, con la música bajísima y hablando con extremadamente bajo. Cuando preguntamos dónde está la fiesta, nos responde que las canadienses (repito, un sábado a las 12 de la noche) se habían quejado por el ruido. ¿¡Crees que tal desfachatez se puede consentir!? ¡¿Un grupo de jóvenes chavalas, canadienses, quejándose porque un Saturday Night el gerente ha puesto algo de música y cervezas para pasar un buen rato con sus amigos…?! Pues eso, que no merecen existir, son el anticristo. Además todo el mundo es cercano y para unirse a la fiesta solo tienes que decir “Oi!” y ya está, se ponen a hablar contigo hasta de las moscas.

Y bueno, como anécdota final te diré que no tiene precio encontrar a la mañana siguiente de una fiesta con los dueños, a uno de ellos en el sofá del salón con la ropa de la noche anterior envuelto como un gusanito de seda en una manta. Creo que estuvo allí hasta la una del medio día… Yo quiero un trabajo así.

poche paraiso

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3 thoughts on “Hostel

  1. Jaja. ¡¡Cómo mola!! ¡Me encantaría ir a ese sitio y conocer a esa gente! ¡Y el cuadro de la cara y la pistola es sencillamente genial!
    Bueno, las canadienses parecen algo sosas y tiquismiquis… pero tanto como para considerarlas el anticristo… Quizá deberías hablar con ellas, a ver cómo son xD Igual descubres que son aún peores 😀 O igual tienen algo bueno (?)

    • boh, boh… la verdad es que eran majas, pero eran como llevar calcetines blancos mientras vailas el Bals en la fiesta de año nuevo de Viena… Es decir, que no hacien por mezclarse, si interactuar con la gente, no hablaban nada de portugues, ni hacian por intentarlo, ni siquiera los típicos saludos de hola, adios… Por eso, siguen siendo el anticristo, que hasta ese es más abierto!

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